Definición

   El contrato de futuros es un derivado financiero. Este contrato obliga a comprar o vender un determinado activo subyacente (divisas, materias primas, acciones, títulos de deuda...) en una determinada fecha con un determinado precio.

Los futuros nacieron con la función de asegurar un precio que no fuese sometido a las presiones de los especuladores, el mal tiempo (para productos agrícolas) o cualquier tipo de incidente.

El que compra uno de estos contratos de futuros primero debe definir si mantiene una posición de venta o compra el producto subyacente, después comprará el contrato de futuros (el derecho de compra y venta) al precio de mercado (que funciona como depósito) y perderá o ganará dinero en función del ascenso o caída del precio del activo subyacente. Esto hace que un pequeña inversión pueda generar beneficios altos. Si el precio del activo subyacente cae, el dinero se irá descontando del dinero pagado y si ese dinero se acaba, el intermediario financiero o la institución que organiza la venta y compra de los contratos de futuros, puede pedir más dinero al propietario del contrato para cubrir futuras perdidas. De no pagar este extra de dinero, el intermediario puede arrebatar el contrato de futuros al propietario y venderlo.

Los contratos de futuro solían ser un seguro que protegía a los productores y a los compradores de materias primas y comida de cambios de precio en el mercado. Hoy en día se especula mucho con estos derechos de compra-venta de activos subyacentes (por ejemplo, oro, arroz, aceite de oliva...) y estos derechos de compra-venta pueden ser mayores que la cantidad real de dichos activos subyacentes. Los especuladores (básicamente apostadores del precio del activo subyacente) de contratos de futuros se deshacen de estos antes de la fecha en la que se vean obligados a vender o comprar el activo subyacente (que ni lo producen, ni lo tienen, ni lo necesitan) del contrato.


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