Definición

La inflación es la subida generalizada de los precios de los bienes y servicios de una economía. Valga la redundancia, la inflación infla los precios bienes y servicios de una economía sin que aumente el valor real de estos. La subida de los precios indica un aumento del dinero en circulación que hay en la economía o una escasez de lo que se quiere comprar.

Una inflación demasiado grande puede ser dañina para la economía. Por lo general, en Europa, especialmente el Banco Central Europeo (BCE) desea tener una inflación que sea menor y cercana al 2% anual.

Medir la inflación permite diferenciar entre el precio inicial de lo vendido y su evolución en el tiempo. Si lo vendido por una empresa aumenta un 150% de un año al otro, pero el precio de lo que vende se multiplica por dos (aumenta un 100%), entonces el aumento real (sin contar la inflación) de lo vendido es del 25%.

Los economistas intentan medir la producción y venta de productos finales con el PIB (Producto Interior Bruto) o con el PNB (Producto Nacional Bruto) pero para ajustar estas magnitudes descontando la variación de los precios a través del tiempo, usan un deflactor (un índice) que descuenta el efecto de la inflación en el cálculo.

La inflación supone una subida de precios, pero cuando los precios bajan de forma generalizada nos encontramos con la deflación (lo que daña los márgenes de beneficios empresariales y complica el pago de salarios).

El deflactor es el índice más general, pero hay otro muy útil, el IPC (Índice de Precios de Consumo) que mide la evolución de los precios de los productos y servicios más consumidos por los ciudadanos. Otro índice importante para medir la inflación y predecir su evolución es el IPSBENE o IPC subyacente, que mide los mismos precios que el IPC excepto la energía y los alimentos frescos (porque sus precios varían mucho, distorsiona la medición del conjunto e impide valorar la tendencia de los precios). Otro índice parecido al IPC es el IPCA (IPC armonizado), cuyo valor vigila atentamente el BCE porque mide la inflación que los consumidores deben soportar en los países comunitarios que usan el euro. Básicamente para el BCE, como se dice arriba, no se debe superar el 2% anual de aumento de precios ni tampoco tener menos del 0% de inflación, es decir, deflación. En EE.UU. el índice más importante para medir la inflación es el “CPI-U” (por sus siglas en inglés, el IPC urbano), que mide la inflación en la ciudades, donde vive la mayoría de los estadounidenses.

Una inflación grande tiene varios costes o desventajas. La primera es la reducción de la capacidad adquisitiva de las personas. Un país fuertemente inflacionista tiene una moneda débil y en constante depreciación. En un país con inflación alta e inversiones con rendimientos más bajos, el consumidor compra lo que puede (principalmente comida) y cambia el resto del dinero por moneda extranjera de países poco inflacionista y por tanto con un valor fuerte y estable. Con gran inflación, los empresarios gastan más dinero en cambiar precios de los productos. Y una gran inflación obliga a pagar más impuestos a gente cuyos salarios crecen sin que aumente su capacidad de compra. Una inflación alta y descontrolada merma la competitividad de los productos nacionales respeto a otros más baratos de otros países. Y dicha inflación es un problema para planificar cualquier actividad empresarial o inversión. Porque no se puede prever los costes y se puede perder mucho dinero futuras producciones y ventas. La inflación para los ahorradores es mala porque el dinero que no se usa pierde valor y para los deudores con ingresos que crecen más rápido que los intereses de sus deudas, puede ser una ventaja para saldar sus deudas.


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